La digitalización no es para todos: por qué la brecha digital es una amenaza generacional

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La vorágine digital nos ha afectado a todos, para mejor en infinidad de ocasiones. En el caso de las personas mayores, el conjunto de innovaciones y aplicaciones tecnológicas no ha sido percibida de igual forma que el resto. La realidad en España es que este colectivo sufre un mayor riesgo de exclusión social; y es que la edad y el nivel de estudios son dos factores que determinan la brecha digital

 

Por Mariona Campmany, Digital Marketing & Innovation Lead en Mitek

Con la pandemia, la gestión de las finanzas desde el smartphone o la compra de bienes a través de plataformas de comercio electrónico ha sido habitual. Es una buena noticia para empresas y consumidores, pero no para la mayoría de los ancianos, quienes no experimentan el auge de lo digital con el mismo entusiasmo y con la misma capacidad de adaptación.
Además, recientemente hemos visto cómo algunas de las principales entidades bancarias han comunicado sus fusiones, lo que se traduce en una menor cantidad de sucursales alrededor de la geografía española. Esta situación significa que los procesos con el banco pasarán a ser mayoritariamente online a través de una aplicación en un dispositivo móvil u ordenador.
Esto supone un grave problema para aquellas localidades donde la población tiene ya una edad muy avanzada. Así, la brecha digital sobrepasa a casi toda una generación que, en múltiples casos, se ha visto marginada. A pesar de que los mayores de 65 años cuentan con redes de apoyo en España para realizar diferentes actividades sin salir de casa, lo cierto es que son demasiados los cambios a los que no han podido amoldarse.

La soledad ante el cambio
Hay un claro factor de aislamiento que limita mucho el aprendizaje de los mayores. Muchos de ellos ni siquiera saben leer y escribir, con lo que la barrera a esas alturas es directamente infranqueable. Tener conexión de banda ancha o saber enviar un correo electrónico parecería que está al alcance de todo el mundo, pero no es así.
Incluso quienes cuentan con unas habilidades digitales mínimas se encuentran con problemas. Según datos de Eurostat, casi la mitad de las personas entre 65 y 74 años que utilizan Internet cuenta con habilidades digitales bajas. En este contexto, las personas mayores se convierten en objetivos de los ciberdelincuentes, pues el riesgo que sufre este colectivo se dispara.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) revelan que solo aproximadamente la mitad de las personas entre 65 y 74 años que usaron Internet en el último año cuentan con algún tipo de software o herramienta de seguridad informática en sus dispositivos. El 13% ni siquiera conoce este tipo de soluciones para proteger su información.

Un blanco fácil para los estafadores
Los mayores se han convertido en un blanco fácil para los estafadores, los cuales utilizan correos fraudulentos, llamadas telefónicas o chats para hacerse pasar por alguien de confianza para la víctima, como el banco o la consulta del médico. Éstos solicitan algún tipo de acción por parte del afectado, quien inocentemente hace uso de su información privada. Ahí es cuando se perpetra el robo de datos, dando acceso a los estafadores a servicios contratados y fuentes de dinero.
Además, muchas personas mayores no utilizan contraseña en algunos de sus dispositivos, bien porque no saben configurarla o por temor a no recordarla, lo que facilita aún más la tarea fraudulenta a los ciberatacantes. En caso de sí usarla, es muy común que las contraseñas sean débiles, por aquello de que sean sencillas de recordar, lo que también allana mucho el camino a todos aquellos estafadores que vayan detrás de los datos de estas personas.
Es fundamental concienciar y formar a nuestros mayores para que no se vean excluidos socialmente en esta nueva era digital. Deben entender la amenaza y permanecer alerta antes los reclamos que muy probablemente escondan una trampa. Proporcionar información de tarjetas, de su banco, de la Seguridad Social, datos médicos, etc., solo debe hacerse en casos en los que sea indispensable.
Por tanto, es una responsabilidad de todos —familia, empresas e instituciones— velar por la seguridad digital de estas personas. No podemos dejarlas fuera y, por ello, es importante que el formato físico siempre esté presente para atender a sus necesidades y desconocimiento. Viendo el rumbo de las compañías hacia la digitalización masiva de los servicios, es importante asegurar que toda la sociedad está preparada para aceptar el cambio.

Arriba, en la foto, Mariona Campmany, Digital Marketing & Innovation Lead en Mitek / Imagen cortesía de Mitek

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