La ola de calor sin precedentes que azota Europa este verano ha batido récords de temperatura, y las previsiones apuntan a que otra ola llegará a principios de julio. Estos fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más habituales y perturban las operaciones diarias, lo que deja a la infraestructura digital básica vulnerable a cortes y paradas
Cuando el calor intenso provoca fallos en los componentes eléctricos, puede paralizar el software del IoT en sectores cruciales, como la energía, el transporte y los pagos digitales. Dado que la AEMET advierte de que estas temperaturas se están convirtiendo en la nueva normalidad, hay que dar prioridad a la resiliencia desde el principio, para garantizar que los sistemas críticos permanezcan operativos.
Ander Aguirrebeitia, Experto IoT de Wireless Logic, ofrece las siguientes reflexiones sobre la importancia de la resiliencia a medida que aumentan las temperaturas: «El impacto de las interrupciones en el funcionamiento del IoT provocadas por fenómenos meteorológicos extremos es cada vez más relevante. El IoT está presente en sectores críticos como la energía, el transporte, la sanidad, los pagos digitales o la seguridad, y permite compartir datos procedentes de sensores, dispositivos de monitorización, equipos de seguimiento y muchos otros activos conectados. A medida que el número de conexiones IoT sigue creciendo a nivel global, también lo hace nuestra dependencia diaria de estas tecnologías. Y esa dependencia avanza en paralelo a un contexto climático cada vez más exigente, con episodios de calor extremo, lluvias torrenciales, inundaciones y tormentas que afectan de forma creciente a España y al conjunto de Europa».
«Pero no se trata solo del calor. El cambio climático está intensificando una amplia variedad de fenómenos meteorológicos extremos. Las inundaciones, las tormentas, las lluvias prolongadas o los episodios de altas temperaturas pueden afectar directamente a infraestructuras conectadas, especialmente cuando los equipos se encuentran desplegados en exteriores, en ubicaciones remotas o en zonas que históricamente no se consideraban de alto riesgo. En estos escenarios, la conectividad de la que dependen muchas operaciones críticas puede verse comprometida».
«Cuando estos fenómenos obligan a los sistemas a desconectarse, las operaciones críticas para la seguridad y la continuidad del servicio quedan expuestas. Esto puede afectar a soluciones de transporte, dispositivos de pago, redes eléctricas, sistemas de monitorización hospitalaria, alumbrado público o infraestructuras de seguridad. A medida que el clima cambia, los proveedores de soluciones IoT deben incorporar la resiliencia desde la fase de diseño. Aunque es imposible eliminar por completo el riesgo de interrupciones, las empresas sí pueden tomar medidas significativas para reducir tanto su probabilidad como su impacto.».
«Esto implica contar con planes sólidos de recuperación ante desastres, respaldo y restauración de datos. También implica disponer de varios niveles de redundancia, incluyendo fuentes de alimentación de reserva, redes alternativas y capacidades SIM redundadas, para garantizar la continuidad del flujo de datos críticos. Y significa entender la ciberseguridad como parte de la misma ecuación de resiliencia.
Los dispositivos IoT son una superficie de ataque cada vez más amplia y atractiva para los ciberdelincuentes. Un dispositivo debilitado, aislado o desconectado por una interrupción física puede convertirse en un objetivo más vulnerable. Por eso, resiliencia y seguridad no pueden planificarse de forma separada. En última instancia, minimizar el impacto de los fenómenos meteorológicos extremos depende de una planificación proactiva desde el diseño, con soluciones de conectividad robustas, seguras y preparadas para operar incluso en condiciones adversas».
Arriba, en la foto, Ander Aguirrebeitia, Experto IoT de Wireless Logic / imagen cortesía de Wireless Logic

